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Una breve semblanza acerca de la Sociedad Botánica de Venezuela
Efraín Moreno, Irene Fedón y Diego Diamont


Antes de la Sociedad....

No es sencillo precisar con exactitud, cuando comenzaron las conversaciones en torno a la idea de constituir una agrupación de botánicos. Tampoco creemos que tal precisión en las fechas, tenga una especial relevancia.  Hagamos más bien, un corto y a la vez condensado periplo hacia el pasado buscando algunos antecedentes de nuestra Sociedad.
Venezuela tiene muy variadas unidades de vegetación y una muy diversa flora. Este hecho cautivó la atención de los primeros cronistas de Indias durante todo el siglo XVII y llegó incluso a oídos de Carlos Linneo, el gran taxónomo sueco, quien aprovechando las exploraciones que mandó el Rey de España a sus colonias, envió al territorio venezolano en 1754 a Pehr Loefling uno de sus alumnos más aventajados. Las escasas pero interesantes observaciones que logró hacer Loefling en nuestro territorio (dado que falleció sólo dos años después de su llegada), tuvieron gran repercusión en Europa  y varios exploradores y naturalistas comenzaron a visitar el país, atraídos por la comentada exuberancia y lujuriosidad de su vegetación y de su flora; entre ellos, el célebre colector y botánico holandés N. Jacquin (1755-1759).

En 1799, el gran naturalista A. Humboldt y el botánico A. Bonpland, llegan al país y colectan muchas especies en su mayoría nuevas para la Ciencia. Como ellos, muchos botánicos y colectores profesionales de plantas, de origen alemán, recorren nuestro territorio durante buena parte del siglo XIX, entre quienes son dignos de mención  K. Moritz, A. Fendler y H. Karsten.

Entre los años 1825 a 1835, el sabio guaireño Dr. José M. Vargas, a quien muchos consideran el primer botánico que tuvo Venezuela, colectó muchas especies de plantas que fueron determinadas en su mayoría por el gran botánico francés A. De Candolle. Vargas, fue uno de los promotores y auspiciadores  de la creación de la “Sociedad Económica Amigos del País” (23 de febrero de 1812), integrada por un grupo de ciudadanos ilustrados, de muy diversas especialidades, quienes discutían y analizaban temas de gran interés para la conformación de la república , que aún estaba en una etapa embrionaria. A esas reuniones, las cuales trataban preferentemente temas vinculados a la agricultura, asistían entre otros,  naturalistas de la talla de Arístides Rojas, José M. Benitez , Cruz Limardo y Manuel V. Díaz.

En 1861, llega a Venezuela A. Ernst, notable naturalista de origen alemán quien dictó la Cátedra de Historia Natural, en la Universidad Central de Venezuela e identificó numerosas especies botánicas muchas de las cuales resultaron ser nuevos reportes para la Ciencia o para el país. El mismo Ernst, auspició la creación de una sociedad de ciudadanos afectos a la actividad científica, la cual denominó Sociedad de Ciencias Físicas y Naturales de Caracas (1867-1878) y que contó además con una revista “Vargasia”; de la cual sólo se editaron muy pocos números.

En 1913 llega a Venezuela el sabio suizo H. Pittier y en 1919 se establece definitivamente en el país. Gracias a la actividad tesonera y abnegada de este científico, al principio desde el Museo Comercial y luego desde el Herbario Nacional de Venezuela, el número de especies botánicas conocidas para el país llegó a estar para fines de la década de los años treinta, en unos 9000 números. Pittier, llevó la botánica en Venezuela a niveles superiores a los alcanzados en otros países del trópico americano, quizás con la excepción de Costa Rica donde el sabio ginebrino había también sembrado sus conocimientos y sus esfuerzos. Adicionalmente, el valor de H. Pittier como científico se potencia con su participación entusiasta en la concreción de las ideas acerca de crear en 1931, la Sociedad  Venezolana de Ciencias Naturales, incluyendo la conformación de su primer Boletín. 

Bajo la influencia directa de H. Pittier, se formó un grupo de botánicos venezolanos que serían la materia prima para constituir una disciplina nacionalista, centrada en la flora nacional; entre ellos José Saer D’Heguert, Francisco Tamayo, Tobías Lasser, Victor Badillo y Zoraida Luces de Febres, seguramente, la primera botánica venezolana. Los tres últimos autores junto al científico alemán Ludwig Schnee y bajo la dirección de H. Pittier, publicaron en 1947, el Primer Catálogo de la Flora Vascular de Venezuela.


En 1946, con la creación de la Escuela de Ciencias y luego en 1958, con la fundación de la Escuela de Biología de la Facultad de Ciencias de la UCV, todo ello bajo la dirección del Dr. Tobías Lasser, la botánica en Venezuela dio el paso definitivo hacia su profesionalización y surgieron al término de pocos años las primeras promociones de botánicos. Poco tiempo después se iniciaría desde Caracas, una diáspora de botánicos hacia diferentes centros universitarios del país, como Mérida, Maracaibo, Maracay y Cumaná, donde participaron en la creación de nuevas cátedras de esta disciplina.  Otros botánicos se formarían en las Facultades de Agronomía, tanto de la Universidad Central como de otras universidades del país. Es pertinente y justo mencionar la valiosa ayuda de personalidades que, viniendo del exterior, decidieron cooperar desde su área específica de conocimiento, al desarrollo de la botánica en Venezuela; entre ellos Ludwig Schnee, Julian Steyermark, Volkmar Vareschi, August Braun, Manuel López Figueiras, Ingrid Roth, Santiago López-Palacios, Ernesto Foldats, Robert Smith, Keshava Bhat y E. K. Ganesan; sólo por citar algunos nombres que nos vienen a la memoria.

Caracas, 26 de marzo de 2012

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